s.e.t.e.n.t.a.i.o.c.h.o
Poema inconcluso pero con derechos reservados (c)
De su nombre se sabe poco
unos días amanece llamándose Sam o Bob
o Jim o algún monosílabo fácil de aprender y olvidar
era muchacho de infancia en blanco y negro
sin grises
al nacer
Sam o Bob vio antes que nadie los barrotes
palpó el frío metal de la bandeja
único quirófano en la cárcel /casa donde vivía mamá
cuántos patios y barrotes y mañanas frías
vio Jim pasar en su infancia sin más olores
que el amoníaco arrinconado
la sangre seca bajo las sábanas
a los tres años pronunció como nadie
la palabra guardia la palabra catre
barrote reclusa
pero nunca aprendió a decir sopa o macana
a los cinco un guardia anciano
le enseñó la bicicleta y la pelota
y desde entonces la infancia se le fue
en patear bicicletas y montar pelotas
a los diez una presa adolescente le enseñó la guitarra
y esperó con paciencia
a que Sam o Bob o John tuviera la voz gruesa
la fuerza necesaria
para derramar un arpegio en sus cuerdas
y Sam y Guitarra dormían felices
desnudos y trémulos vibraban bajo el sol opaco
que se fugaba por los barrotes hasta la celda
aprendió a leer con Guitarra
en la voz de Guitarra
y entonces tuvo noticias de otros hombres
Gary Gilmour pastor de pájaros en Zimbabwe
Sidney West poeta
y lloró por el arbolito de Buck Mulligan y la rana
de________________________
¡Oh! Pobre Sam Jim John
todas las mañanas
una lágrima en el pecho le desangraba las sienes
Jim el joven adolescente Bob aprendió a cantar
todas las mañanas
aunque no conocía la palabra pájaro
cantó todas las tardes al filo de un barrote viejo
mirando las estrellas negras las nubes negras
no paraba de pensar en Max alimentador oficial de palomas
y algo como un cuervo ronco desconocido
algo como un Max __________ Buck Sidney Gary
se le iba formando en los codos
una costra de árbol en todo caso
una triste canción poblaba los jueves de Cárcel
la tarde adquiría un color indómito
pasado el tiempo Sam conoció el agua fría y la macana
la bota la noche a mediodía
con el tiempo aprendió a olvidar
los dolores de pecho estómago espalda
los dolores de pie mano cadera
los de madre fría sola muerta
Fue así como John Jim Sam Bob salieron todo uno de Cárcel
porque ya no podía ser Casa
y vio con los ojos grises el amarillo mundo que desconocía
cuántas guitarras cuerdas pelotas
patios barrotes y mañanas frías
habría dado por la palabra río
por la palabra metro por la palabra puente
autobús edificio
entonces jim sam john bob
comprendió que mejor se llamaba Bill
por escoger una sola palabra
porque mientras fue uno en un mundo de tantas
no fue necesario
pero ahora había muchos como él
aunque nadie tan nadie como él
recorrió grafo por grafo la palabra ciudad
le tomó meses pronunciarla
poner el acento en edificios casas estatuas
con el tiempo aprendió también
la especial facilidad
para nombrar las cosas de noche
mil formas diferentes para decir
mujer
roto bus camino espejo
pronto
dominó la única forma de decir
derrota
y caminó Bill por todas las palabras /barrios
que pudo
las que no
las dejó para más tarde
más tarde un arrume imposible llenó su cama
su espalda
y esa triste canción de los jueves en la cárcel
esa triste canción de seis de la tarde
lo acompañó todos los días pegada al oído
como una garrapata náufrago
los días porque las noches
Bill aprendió a recordar
cuántas guitarras cuerdas pelotas barrotes
habría dado por la palabra bar
por la palabra túnel por la palabra puerto
autobús edificio
los días
porque las noches
Bill volvía a ser Sam o John
y se llenaba boca y orejas
con estridentes sorbos de vida
sorbos de palabra extraña impronunciable
Una mañana Bill conoció un pájaro
y como de Max el pastor de palomas había aprendido
pronto reconoció la voz de aquel ave
que no estaba en el pico /pescuezo
sino en cada pluma que batía
cada golpe de aire bajo sus alas
sucedió que Bill conoció un pájaro digo
ronco disléxico distrófico Dis…
y el pájaro Dis… era como Bill que cuando lo veía se llamaba Bob
cuando hablaba con pájaros bill era Bob
Dis… que creció enjaulado también con madre
aún no sabía aletear la palabra sol
la palabra cie cie cie lo
¡cuántos días y noches lloró Bill
que cuando lloraba se llamaba Joe
por los soles a medias
las nubes a medias
las alas a medias del pájaro Dis…
s.e.t.e.n.t.a.i.s.i.e.t.e
Bueno, han pasado siete días sin darle de comer al perro. No obstante, sigue aruñando la puerta desde adentro, llamando con gemidos perentorios la mano que usualmente le daba cariño y croquetas.
Hoy lo saqué a pasear. Mordió un rato la tarde que agonizaba.
Ahora llueve y me mira desde su cómodo rincón en la sala, levanta las cejas, y desvía la mirada. Me resta importancia.
Recuerdo que alguna vez leí un artículo en el que Capote hablaba de la importancia del tabaco y el perro en su oficio. Sólo se fumaba un puro al día, y era cuando sacaba a su mascota, en las noches. Sólo tenía un perro y lo usaba para fumarse un tabaco, en las noches.
No fumo. Tampoco tengo perro.
Bueno, mucho menos soy Capote.
Vuelve y me mira, levanta la ceja, como si hiciera un reclamo.
s.e.t.e.n.t.a.i.c.u.a.t.r.o
Del largo inventario de inventos del hombre. Del ápice que conozco, me llaman la atención, sobre todo, la máquina de escribir,el arma de fuego, y la cámara fotográfica.
Hay en ellas una fuerza oscura cuyo destino pareciera capturar la pequeña cuota de creación/destrucción que le corresponde al hombre. ¿Cuál de las tres ejercerá una mayor tiranía? No precisamente aquella cuyos efectos son inmediatos.
Pienso en Robert Capa, en la cantidad de armas y balas que esquivaría en su búsqueda de la foto perfecta en medio del fragor de la guerra. Pienso en la cámara que sedujo sus ojos, la primera lente que cobró vida en su mirada. En la máquina de escribir que dio testimonio de la historia tras cada foto.
Pienso también en el mundo que no para de girar y la mina bajo el pie de Capa en las selvas de Vietnam, y en la mina electrónica bajo las teclas de la máquina de escribir, y el pixel que volaría en pedazos las láminas de nitrato de plata.
Pienso en el largo etcétera que acabará por volarnos a todos, en la evolución que es la manifestación de las leyes del caos, materia del universo que acabará por consumirlo en su seno.
(Off the record: se acaba el año, y esta tarde también eludí mis retrasados deberes laborales ¿volaré en algún momento la profesión para que las partículas del oficio, la vocación, vuelen con libertad en el vacío?)
s.e.t.e.n.t.a.i.t.r.é.s
Lo vieron cruzando la calle esta noche.
Arrastraba el mismo fardo, la misma camisa con agujeros para entrada y salida del frío. La inmunidad de la pobreza.
En otro tiempo se llamó M, le apodaron P., y se cambió el apellido por el de F.
Mascaba, a cada paso, el plomo que cerraría con un beso ígneo la última puerta de sus días.
Cuando le preguntaron por su nombre, el de ahora, afirmó que era G., H, o L., que ya no importaba porque hacía mucho le habían desterrado de la patria de lo nominable.
Lo vieron, lo sé. Si existe, ni él lo sabe.
s.e.t.e.n.t.a.i.d.ó.s
Hoy me levanté como hace mucho no. Con una culpa, más que al hombro, entre el pecho. Y, aunque sólo puedo dar fe de mi vigilia, juro que al menos en ella no maté al hombre que cargué durante la mañana.
Hay días en que tus brazos son luz, remedio, faro para ver los confines del desarraigo con la calma del buen puerto. Sosiego. Hay días, como hoy, en que me faltan, putamente.
Por ahora el sueño. Seguramente una voz radiofónica hable desde sus profundidades, vetusta. Seguramente no entienda su lengua. Seguramente dictará una nueva acción irresistible.
A ver si mañana…
Tres gallinas cabalgan la yegua de la noche
s.e.t.e.n.t.a.i.u.n.o
“…sólo encontramos a un hombre, un tal Walter Gripp, a unos quince kilómetros de aquí. Le preguntamos si quería venir con nosotros, pero dijo que no. Cuando lo vimos por última vez estaba sentado en una mecedora, en mitad de la calle, fumando una pipa y saludándonos con la mano.”
Sueño un hombre que sueña un trago con amigos (reales, programados para estar solos y ponerse tristes y llorar). Pero en mi sueño de un sueño no están solos ni tristes. Ni lloran.
Al menos durante el sueño de un sueño.
Y el hombre que sueño a ratos no bebe, y siente sed y hambre y gime. A solas.
Porque al hombre que sueño le arde la piel y los ojos y la garganta. Cuando está triste.
El hombre que sueño irrumpe en llanto. Ha muerto.
“Noche tras noche, año tras año, la mujer, sin ningún motivo, sale de la casa y mira largamente el cielo con las manos en alto, mira la Tierra, la luz verde, sin saber por qué mira, y después entra y echa al fuego unos trozos de leña, y el viento sigue soplando y el mar muerto sigue muerto.”