o.c.h.e.n.t.a

Pensó por un momento en el tiempo que quiso vivir donde los hombres miraban con fervor las películas de Marilyn Monroe y una cresta de envidia se asomaba como monstruo en la ventana las noches que pensaban en Kennedy y el beisbolista aquél y uno que otro fulano que sin duda habría muerto con una satisfacción en los labios la misma que perseguía esta evocación casi vergonzosa justo antes de cometer la estupidez más grande de la vida sólo porque es la única que es ciertamente irrepetible pensó de nuevo en las piernas de aquella mujer blanca como la imagen que imagina sucederá al estallido las tetas lejanas al punto de no poder siquiera desearlas con el fervor de quienes pudieron imaginarlas con la bendición de compartir el mismo tiempo en que se mecían retando las maledicencias del aire penso una vez más que definitivamente no era su tiempo no eran sus deseos no era nada de lo que habría querido ser y que definitivamente así no valdría la pena cualquier movimiento imaginó por un instante un lejano discurso afroamericano la noticia de un boxeador le noqueó aquel recuerdo intempestivo con la misma velocidad imperceptible que esperaba calmase de una buena vez ese mar incontenible de imágenes que definitivamente no le pertenecían

el edificio completo retumbó y la terrible perorata de sus deseos se esfumo en un olor a pólvora y sangre hirviendo en las ventanas

s.e.t.e.n.t.a.i.n.u.e.v.e

Estos días han sido especialmente turbios. El martes fueron los pastores de pájaros de los que, improbable lector, ya tienes noticia. Y algo de trip trip trip, si me entiendes. El jueves pasado vi cómo mataban a un tal L. en una autopista lluviosa. Anoche, caminé por las calles azules de Memphis, mientras oía hablar de una mujer que cuando hacía el amor le devolvía la vista al ciego. Y bueno, historias de los hombres que dejan caer martillos al Misisipi (me importan un culo tus dobles eses), para luego morir de pulmonía, tirados en la ruta del blues.

Esta mañana fue un mosquete inservible, un hombre que se batió a duelo con dos realistas sólo para ganar y sentir el resto de sus días que todo movimiento es en vano. En fin…

¿En qué callejón estará Gripp, ignorando esta llamada que resuena?

s.e.t.e.n.t.a.i.o.c.h.o

Poema inconcluso pero con derechos reservados (c)

De su nombre se sabe poco

unos días amanece llamándose Sam o Bob

o Jim o algún monosílabo fácil de aprender y olvidar

era muchacho de infancia en blanco y negro

sin grises

al nacer

Sam o Bob vio antes que nadie los barrotes

palpó el frío metal de la bandeja

único quirófano en la cárcel /casa donde vivía mamá

cuántos patios y barrotes y mañanas frías

vio Jim pasar en su infancia sin más olores

que el amoníaco arrinconado

la sangre seca bajo las sábanas

a los tres años pronunció como nadie

la palabra guardia la palabra catre

barrote reclusa

pero nunca aprendió a decir sopa o macana

a los cinco un guardia anciano

le enseñó la bicicleta y la pelota

y desde entonces la infancia se le fue

en patear bicicletas y montar pelotas

a los diez una presa adolescente le enseñó la guitarra

y esperó con paciencia

a que Sam o Bob o John tuviera la voz gruesa

la fuerza necesaria

para derramar un arpegio en sus cuerdas

y Sam y Guitarra dormían felices

desnudos y trémulos vibraban bajo el sol opaco

que se fugaba por los barrotes hasta la celda

aprendió a leer con Guitarra

en la voz de Guitarra

y entonces tuvo noticias de otros hombres

Gary Gilmour pastor de pájaros en Zimbabwe

Sidney West poeta

y lloró por el arbolito de Buck Mulligan y la rana

de________________________

¡Oh! Pobre Sam Jim John

todas las mañanas

una lágrima en el pecho le desangraba las sienes

Jim el joven adolescente Bob aprendió a cantar

todas las mañanas

aunque no conocía la palabra pájaro

cantó todas las tardes al filo de un barrote viejo

mirando las estrellas negras las nubes negras

no paraba de pensar en Max alimentador oficial de palomas

y algo como un cuervo ronco desconocido

algo como un Max __________ Buck Sidney Gary

se le iba formando en los codos

una costra de árbol en todo caso

una triste canción poblaba los jueves de Cárcel

la tarde adquiría un color indómito

pasado el tiempo Sam conoció el agua fría y la macana

la bota la noche a mediodía

con el tiempo aprendió a olvidar

los dolores de pecho estómago espalda

los dolores de pie mano cadera

los de madre fría sola muerta

Fue así como John Jim Sam Bob salieron todo uno de Cárcel

porque ya no podía ser Casa

y vio con los ojos grises el amarillo mundo que desconocía

cuántas guitarras cuerdas pelotas

patios barrotes y mañanas frías

habría dado por la palabra río

por la palabra metro por la palabra puente

autobús edificio

entonces jim sam john bob

comprendió que mejor se llamaba Bill

por escoger una sola palabra

porque mientras fue uno en un mundo de tantas

no fue necesario

pero ahora había muchos como él

aunque nadie tan nadie como él

recorrió grafo por grafo la palabra ciudad

le tomó meses pronunciarla

poner el acento en edificios casas estatuas

con el tiempo aprendió también

la especial facilidad

para nombrar las cosas de noche

mil formas diferentes para decir

mujer

roto bus camino espejo

pronto

dominó la única forma de decir

derrota

y caminó Bill por todas las palabras /barrios

que pudo

las que no

las dejó para más tarde

más tarde un arrume imposible llenó su cama

su espalda

y esa triste canción de los jueves en la cárcel

esa triste canción de seis de la tarde

lo acompañó todos los días pegada al oído

como una garrapata náufrago

los días porque las noches

Bill aprendió a recordar

cuántas guitarras cuerdas pelotas barrotes

habría dado por la palabra bar

por la palabra túnel por la palabra puerto

autobús edificio

los días

porque las noches

Bill volvía a ser Sam o John

y se llenaba boca y orejas

con estridentes sorbos de vida

sorbos de palabra extraña impronunciable

Una mañana Bill conoció un pájaro

y como de Max el pastor de palomas había aprendido

pronto reconoció la voz de aquel ave

que no estaba en el pico /pescuezo

sino en cada pluma que batía

cada golpe de aire bajo sus alas

sucedió que Bill conoció un pájaro digo

ronco disléxico distrófico Dis…

y el pájaro Dis… era como Bill que cuando lo veía se llamaba Bob

cuando hablaba con pájaros bill era Bob

Dis… que creció enjaulado también con madre

aún no sabía aletear la palabra sol

la palabra cie cie cie lo

¡cuántos días y noches lloró Bill

que cuando lloraba se llamaba Joe

por los soles a medias

las nubes a medias

las alas a medias del pájaro Dis…

s.e.t.e.n.t.a.i.s.i.e.t.e

Bueno, han pasado siete días sin darle de comer al perro. No obstante, sigue aruñando la puerta desde adentro, llamando con gemidos perentorios la mano que usualmente le daba cariño y croquetas.

Hoy lo saqué a pasear. Mordió un rato la tarde que agonizaba.

Ahora llueve y me mira desde su cómodo rincón en la sala, levanta las cejas, y desvía la mirada. Me resta importancia.

Recuerdo que alguna vez leí un artículo en el que Capote hablaba de la importancia del tabaco y el perro en su oficio. Sólo se fumaba un puro al día, y era cuando sacaba a su mascota, en las noches. Sólo tenía un perro y lo usaba para fumarse un tabaco, en las noches.

No fumo. Tampoco tengo perro.

Bueno, mucho menos soy Capote.

Vuelve y me mira, levanta la ceja, como si hiciera un reclamo.

s.e.t.e.n.t.a.i.s.é.i.s

Odiado diario:

¡Qué noche oscura cuando busco en vano una palabra rota bajo la cama!

s.e.t.e.n.t.a.i.c.i.n.c.o

De nuevo el cine. En mi cabeza retumba la voz de Michael Cane pronunciando una sentencia lapidaria:

“Some men just want to watch the world burn”

Pero hace mucho ardió, y hoy muchos se cansan de mascar sus cenizas

s.e.t.e.n.t.a.i.c.u.a.t.r.o

Del largo inventario de inventos del hombre. Del ápice que conozco, me llaman la atención, sobre todo, la máquina de escribir,el arma de fuego, y la cámara fotográfica.

Hay en ellas una fuerza oscura cuyo destino pareciera capturar la pequeña cuota de creación/destrucción que le corresponde al hombre. ¿Cuál de las tres ejercerá una mayor tiranía? No precisamente aquella cuyos efectos son inmediatos.

Pienso en Robert Capa, en la cantidad de armas y balas que esquivaría en su búsqueda de la foto perfecta en medio del fragor de la guerra. Pienso en la cámara que sedujo sus ojos, la primera lente que cobró vida en su mirada. En la máquina de escribir que dio testimonio de la historia tras cada foto.

Pienso también en el mundo que no para de girar y la mina bajo el pie de Capa en las selvas de Vietnam, y en la mina electrónica bajo las teclas de la máquina de escribir, y el pixel que volaría en pedazos las láminas de nitrato de plata.

Pienso en el largo etcétera que acabará por volarnos a todos, en la evolución que es la manifestación de las leyes del caos, materia del universo que acabará por consumirlo en su seno.

(Off the record: se acaba el año, y esta tarde también eludí mis retrasados deberes laborales ¿volaré en algún momento la profesión para que las partículas del oficio, la vocación, vuelen con libertad en el vacío?)

s.e.t.e.n.t.a.i.t.r.é.s

Lo vieron cruzando la calle esta noche.

Arrastraba el mismo fardo, la misma camisa con agujeros para entrada y salida del frío. La inmunidad de la pobreza.

En otro tiempo se llamó M, le apodaron P., y se cambió el apellido por el de F.

Mascaba, a cada paso, el plomo que cerraría con un beso ígneo la última puerta de sus días.

Cuando le preguntaron por su nombre, el de ahora, afirmó que era G., H, o L., que ya no importaba porque hacía mucho le habían desterrado de la patria de lo nominable.

Lo vieron, lo sé. Si existe, ni él lo sabe.

s.e.t.e.n.t.a.i.d.ó.s

Hoy me levanté como hace mucho no. Con una culpa, más que al hombro, entre el pecho. Y, aunque sólo puedo dar fe de mi vigilia, juro que al menos en ella no maté al hombre que cargué durante la mañana.

Hay días en que tus brazos son luz, remedio, faro para ver los confines del desarraigo con la calma del buen puerto. Sosiego. Hay días, como hoy, en que me faltan, putamente.

Por ahora el sueño. Seguramente una voz radiofónica hable desde sus profundidades, vetusta. Seguramente no entienda su lengua. Seguramente dictará una nueva acción irresistible.

A ver si mañana…

Tres gallinas cabalgan la yegua de la noche

s.e.t.e.n.t.a.i.u.n.o

“…sólo encontramos a un hombre, un tal Walter Gripp, a unos quince kilómetros de aquí. Le preguntamos si quería venir con nosotros, pero dijo que no. Cuando lo vimos por última vez estaba sentado en una mecedora, en mitad de la calle, fumando una pipa y saludándonos con la mano.”

 

Sueño un hombre que sueña un trago con amigos (reales, programados para estar solos y ponerse tristes y llorar). Pero en mi sueño de un sueño no están solos ni tristes. Ni lloran.

Al menos durante el sueño de un sueño.

Y el hombre que sueño a ratos no bebe, y siente sed y hambre y gime. A solas.

Porque al hombre que sueño le arde la piel y los ojos y la garganta. Cuando está triste.

El hombre que sueño irrumpe en llanto. Ha muerto.

“Noche tras noche, año tras año, la mujer, sin ningún motivo, sale de la casa y mira largamente el cielo con las manos en alto, mira la Tierra, la luz verde, sin saber por qué mira, y después entra y echa al fuego unos trozos de leña, y el viento sigue soplando y el mar muerto sigue muerto.”